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Grian - El sueño de un nuevo mundo

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Mahabbat - La Ciencia del Amor

Editorial Almuzara

 

 

 

 

 

Fragmento

―Allâh, al que nada se asemeja ―le interrumpió Shams  haciendo referencia a una aleya coránica―, no puede sernos conocido más que en lo que experimentamos de Él. De manera que podemos tomarlo como objeto de nuestra contemplación, tanto en lo secreto de nuestro pecho, como ante nuestra mirada, o en nuestra imaginación, como si Lo viéramos ―recalcó sus palabras―. O, mejor aún, de tal manera que lo veamos realmente. ¡Es Él Quien se revela en cada ser amado ante los ojos de cada amante!

Al-Hakam se quedó mudo de asombro, intentando asimilar con el ceño fruncido lo que el anciano le ofrecía como un imam iluminado.

―¿Acaso puedes ver la luz? ―le preguntó Al-Yannān.

―Sí, claro…

―No, no puedes verla ―le interrumpió de nuevo Shams, ya ajeno por completo a su posición de súbdito del joven príncipe―, como tampoco puedes ver a Allâh. La luz hace visible el mundo a nuestro alrededor, pero no es visible en sí misma.

Al-Hakam aceptó la rectificación afirmando con la cabeza.

―Y, sin embargo ―continuó el anciano―, se revela a sí misma cuando pasa a través de un cristal coloreado en una estancia oscura, o a través de la niebla, el humo o el polvo en suspensión ―y añadió con una sonrisa enigmática―. ¡Puedes verla a contraluz!

»Igualmente, Allâh, bendito sea, está presente ante ti en cada instante de tus días. Pero no lo ves. Sólo puedes verlo a través de los colores de la multiplicidad y de la oscuridad del mundo sensible, mirándolo todo a contraluz, sabiendo que Él está presente en todo cuanto observas, en todo cuanto imaginas, en todo cuanto sientes en lo más recóndito de tu corazón».

―Entonces, cuando contemplo el rostro de Subh, ¿estoy contemplando el Rostro de Allâh? ―se atrevió a preguntar el príncipe.

―Depende ―respondió Shams levantando las cejas―. Porque el rostro de tu amada te muestra el Rostro del Misericordioso pero, a la vez, te lo oculta, pués Él está todavía más allá.

―No entiendo ―confesó Al-Hakam.

―La luz necesita del soporte de la niebla o el polvo para hacerse visible, ¡pero no es la niebla ni el polvo! ―explicó Al-Yannān rebajando el tono de su voz―. Mas, para que puedas ver la luz, la luz y la niebla se han de poner en sintonía, hay que ponerse a contraluz. Del mismo modo, para ver el Rostro de Allâh en el rostro de Subh, has de sintonizar el Espíritu y la forma, ver, como a contraluz, el Rostro de Allâh más allá del rostro de Subh.

»En persa, le llamamos ham-damî ―añadió Shams más tranquilo, recordando sus orígenes en Jorāsān―. La sincronía de lo espiritual y lo sensible».

Ham-damî ―repitió Al-Hakam intentando recordarlo―. Entonces, lo espiritual y lo físico, ¿no son antagónicos?

―No ―respondió Shams―, porque lo físico es en realidad inexistente y, por tanto, no puede ser lo opuesto de nada.

Y ante la nueva expresión de asombro del príncipe, continuó:

―El enamorado divino captura el significado real de las cosas, más allá de las apariencias. Cada vez que posa sus ojos sobre cualquier persona, objeto o hecho del mundo material, busca, con los ojos del corazón, su atributo original, su significado esencial, que le permitirá entender la experiencia o transformarla. Ése atributo, ese significado esencial, es la verdadera realidad.

Y, mirando a Al-Hakam con intensidad, añadió:

―En realidad, Subh no es el objeto verdadero de tu amor, Al-Hakam, sino la morada donde habita lo que de verdad amas. No olvides que lo valioso del cofre es el oro que hay guardado en él.

―¿Queréis decir que, en realidad, todo el mundo, cuando ama, ama únicamente a Allâh?

―Así es ―respondió tranquilamente el anciano―. Aunque muy pocos, sólo los amigos del Santo, los que conocen por experiencia directa la Realidad, son sabedores de ello.

»Como dice el Misericordioso en un antiguo aforismo de mi tierra, “Si quieres saborear el licor místico, prueba primero la copa del vino de las apariencias. Si tu pie no ha pisado nunca la senda del amor, ve y conoce el amor. Luego, puedes volver a buscarme a Mí. Si quieres ser libre, encadénate al Amor”».

La expresión del rostro de Al-Hakam había cambiado por completo para cuando el viejo Shams recitó la hermosa sentencia, que guardaba como un tesoro en su memoria. De pronto, su amor por Subh se convertía para él en un puente que le aventuraba la posibilidad de resolver, de algún modo que aún no lograba entender, su angustioso anhelo por saborear de nuevo la Presencia.

―Es curioso ―comentó el príncipe ensimismado―, que, a través de una humilde aunque hermosa esclava, uno pueda alcanzar el escabel del Trono de Aquél que rige el universo.

―Allâh se oculta hasta en los pequeños guijarros de los ríos ―musitó el jardinero bagdadí―. Pero donde más nítida y resplandeciente se trasluce Su Presencia es en la Belleza. En la belleza de los montes, los valles y los ríos, en la belleza del cielo estrellado, en la belleza de las obras de los hombres y en la frágil envoltura de sus cuerpos, en todo ello, podrás hallar la deslumbrante mirada de Allâh.

Mahabbat, de Grian

 

 

 

 

 

 

Precio: 16'00 €

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