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Grian - El sueño de un nuevo mundo

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El Camino de Santiago es el camino de la vida

Ediciones Obelisco

 

 

 

 

 

EL CAMINO DE LA VIDA

—El Camino de Santiago es el Camino de la Vida —me dijo Jean con una de aquellas hermosas sonrisas con las que nos solía obsequiar.   

            Aquella había sido su respuesta a mi pregunta de por qué había hecho tantas veces el Camino. 

            Jean era un sacerdote francés. Pero un sacerdote bien extraño. Llevaba la barba cana y unos cabellos demasiado largos para lo que uno está habituado a ver en un sacerdote católico. A sus 65 años emprendía su séptima peregrinación a Compostela, con un talante alegre como bandera, una mirada serena, y un paso difícil de seguir incluso para los que éramos bastante más jóvenes que él. 

            Aquello sucedió en Estella, cuando yo me iniciaba en las luces y las sombras de una peregrinación a la antigua usanza. Y probablemente no haga falta decir que en aquel momento no entendí demasiado bien lo que Jean había querido expresar con su respuesta. Tendría que recorrer todo el sendero para darme cuenta de la profundidad de su afirmación. Pero en principio aquella era una frase que se me antojaba poética y hermosa, y con eso tenía suficiente. 

            «El Camino de Santiago es el Camino de la Vida». 

            Me la guardé como aquel que guarda una piedra de colores, con la esperanza de encontrarle algún rincón en su hogar, entre sus libros más queridos, o entre otros objetos extraños y llamativos. 

            Quizás mi corazón había ido más allá de todos los horizontes a través de aquellas palabras, y venía ya de vuelta hablándome de la profundidad de la experiencia del peregrinaje, del dolor y la soledad, del gozo y de la amistad... 

            «El Camino de Santiago es el Camino de la Vida...» 

 

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El descenso de los Pirineos en una fresca mañana de verano se convierte en una experiencia grata y apacible. Las silentes sombras de las montañas cubren hasta bien entrada la mañana los valles por donde arroyos y ríos brincan a los sones alegres de su danza cristalina, por entre rocas y piedras, deslizándose a hurtadillas por debajo de los pequeños puentes que los maestros canteros elevaron para alivio del peregrino. 

            El sendero ancestral, cubierto de piedras dispuestas casi un milenio atrás para evitar el lodo del primaveral deshielo, nos habla de los seres humanos que lo cruzaron a lo largo de los siglos, de sus esperanzas y anhelos, de sus ambiciones y deseos, de sus frustraciones, su dolor y su fatiga, de las vivencias de toda una vida cargada de dudas, de confusión, de miedo, pero también de instantes gozosos, sencillos quizás, pero profundos y sentidos. 

            Con el discurrir de los pasos, uno acaba dándose la mano con aquel peregrino que pasó por el mismo lugar hace quizás seiscientos, ochocientos o mil años atrás. ¿Cómo fue tu vida, compañero? ¿Qué profundo impulso te llevó emprender el sendero? ¿Alcanzaste la meta de tus pasos? ¿O quedaste para siempre en el Camino, devorado por los lobos o por el fuego de alguna fiebre extraña? 

            La hermandad de todos los peregrinos atraviesa los siglos como un viento cálido surgido de ninguna parte, para posar su mano en tu hombro, para hablarte suavemente al oído animándote a seguir adelante. 

            —¡Ultreya, peregrino, ultreya! —te parece escuchar sus voces desde algún instante del pasado. 

            Algo en tu interior te dice que tus pasos te están llevando por algún lugar más allá del tiempo, por un sendero eterno que estuvo allí desde el origen de la Vida. Algo en tu interior te dice que el Sol que ilumina tu frente, que las montañas que se elevan orgullosas a tus flancos pertenecen a otro mundo, igual a aquel en el que has vivido siempre, pero situado en algún remoto rincón del corazón de la Vida, de la Existencia que jamás pasó. 

            Tus pies están hollando senderos sagrados. Sagrados por atemporales, sagrados porque nacieron del corazón, sagrados porque el hombre los hizo así con su esperanza, su ilusión y su amor, con su dolor y con su muerte, y así al fin, por su sacrificio. 

El Camino de Santiago es el camino de la vida, de Grian

 

 

 

 

 

 

Precio: 13'25 €

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